Tra­tado filosófico concebido en 1848 y compuesto y publicado en 1850. En él, por vez primera, el autor afronta las definiciones de progre­so y evolución, pero basándose no, como Darwin y Wallace, en principios biológicos, sino en convicciones éticas.

Sostiene, en efecto, que el progreso no es un azar, sino una necesidad, y que las transformaciones de la humanidad son el resultado de una ley, que está en la base de toda la crea­ción orgánica.

Todo progreso resulta de la adaptación de los hombres a su ambiente natural y social, y tal adaptación tiene dos caracteres: transmisión hereditaria de cam­bios funcionales y desaparición de los inadaptables. De esta forma, las distintas es­pecies de organización, que la sociedad asume en su progreso, desde los grados evolutivos inferiores hasta los superiores, se parecen a las distintas formas de orga­nización animal.

Y la vida orgánica in­cluida en la vida de la humanidad está dominada por un proceso evolutivo nece­sario, en que se pueden reconocer las dos principales características, de integración y diferenciación. Partiendo de la concep­ción mecánico evolucionista, propia de su tiempo, Spencer eleva el método evolu­cionista a método universal, tratando de llegar a esa conciliación de las ciencias naturales con la filosofía, que vuelve a apa­recer en toda su obra.

Estática social— Herbert Spencer

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